Emma volvía a estar bajo su hechizo. El aroma familiar de su colonia la envolvía. Era un aroma floral oscuro y almizclado. Como una pradera bajo la luna llena. Las líneas marcadas de su cuerpo se apretaban contra las de ella y podía sentir cada centímetro de él. No existía nadie más a su alrededor. Él podría haber hecho el amor con ella allí mismo, en el club, si hubiera querido. Ella no lo habría detenido. Lo odiaba, y odiaba el efecto que tenía sobre ella. Pero no podía negar la forma en que