El mundo se había paralizado a su alrededor. Todo lo que la rodeaba se desvaneció, y lo único que podía ver eran las manos de Vivian acariciando a Will por todas partes. Y no tenía ni idea de por qué le afectaba tanto. No quería saber nada de Will, y menos aún de Vivian. Y, sin embargo, una vil mezcla de ira, odio y celos se arremolinaba en su interior. El corazón de Emma le latía con fuerza contra las costillas, y sentía como si no hubiera suficiente aire en el club.
«Tengo que irme», dijo Em