Después de un día lleno de risas y locuras en el mercado de Gwangjang, finalmente regresamos a casa, agotados pero felices. La atmósfera en el apartamento era tranquila, y el cálido resplandor de las luces creaba un ambiente acogedor. Miu y Ares se habían ido a sus respectivos hogares, dejándonos a Demon y a mí solos.
—Hoy fue increíble —dije, sintiendo que la adrenalina todavía corría por mis venas.
—Sí, y lo mejor es que aparecemos en la televisión local —respondió Demon, riéndose suaveme