El agua del spa reflejaba las luces del atardecer, creando un espectáculo de destellos dorados que danzaban en la superficie. Las sombras se alargaban a mi alrededor mientras James se acercaba, su figura esbelta y elegante contrastando con la serenidad del lugar. Mi corazón latía con fuerza, como si estuviera atrapado en un torbellino de emociones.
—Luna —dijo, su voz suave como un susurro—, siempre has tenido el poder de elegir. Pero parece que te dejas llevar por el miedo.
Su mirada pene