El corazón de Claudia comenzó a latir fuertemente, su orgullo le pedía no claudicar, pero la vergüenza que pasaría al ser expuesta, la hizo caer de rodillas con una postura erguida, espalda recta, hombros atrás, barbilla alzada, esperando que solo Paolo viera las fotos.
—Terminemos con esto, hijo de puta —dijo Claudia con los dientes apretados.
Marko sonrió con malicia y se acercó a ellas con pasos lentos, alargando más la angustia de la cubana.
—Abre grande, y ten cuidado con los dientes cuand