Claudia comenzó a quitarse la ropa sin dedicarle ni una mirada, sabía que podía jugar, pero no podía pasarse, a fin de cuentas, estaba frente a un mafioso, y este no parecía ser cualquier criminal, Orazio no se hubiera comportado con tanta sumisión. Al terminar, Claudia juntó sus rodillas y puso las manos frente a sus pechos, no tenía problemas con la desnudez, pero se sentía vulnerable. Escuchó el sonido de una cremallera al abrirse, y se asustó, preguntándose si ese hombre creía que iba a ten