—Tía yo…madre… — no sabía qué decir, no sabía por dónde empezar a pedirle perdón por haberla engañado.
—No me mires con esa cara hija, sí hija mía — continuó diciendo la mujer — ese día en el hospital tú creíste que seguía dormida por la anestesia, pero pude escuchar todo lo que me dijiste. No te dije nada porque tenía la esperanza de que tú me confesaras toda la verdad y que me dijeras que fue lo que le pasó a mi sobrina.
Connie comenzó a llorar, se dejó caer en la silla y comenzó a decirle có