Tras perdonar a su madre Connie sintió un poco de liberación en su alma, a pesar de que había decidido cambiar de vida y dejar su pasado atrás, el hecho de saber que había sido su madre quien la había sumergido en el lodo desde muy niña era una espina que llevaba clavada en el corazón.
Con la palma de su mano cerró los ojos de la mujer que le dio la vida — Que Dios te perdone y tenga piedad de tu alma — dijo en voz alta, desde que llegó al albergue y conoció a la Madre Superiora había vuelto a