Santiago de Alvarado tomó el sobre que le entregó la enfermera con los resultados de ADN, lo abrió inmediatamente porque ya no podía con la incertidumbre.
Desde hacía algunos años en los que comenzó a trabajar como agente encubierto para llevar ante la justicia a los grandes capos de la delincuencia organizada, su vida estaba rodeada de peligros y de misterios. Atar cabos y buscar personas lo habían llevado a enamorarse de una mujer con la que se había casado bajo un contrato matrimonial y de l