Los días siguientes todo parecía una locura, Gabriel quería casarse cuanto antes, pero Ximena lo convenció de que debía esperar a que ella pudiera caminar.
—No pretendo ir a la boda de mis padres vestida de momia — decía haciendo gestos de bebé con el rostro y simulando que estaba a punto de llorar.
—Entonces tendrás que darte prisa con la rehabilitación — dijo el médico que estaba preparado para quitarle el yeso y las férulas que le mantenían inmovilizado el cuerpo para que pudiera comenzar s