Sentir el calor del sol en su rostro hizo que Connie abriera los ojos, el mar a través de la ventanilla del autobús brillaba en todo su esplendor como un majestuoso manto azul celeste — fue sueño, todo fue un sueño — dijo sollozando.
Los brazos de Gabriel y los besos en su rostro la hicieron despertar.
—No preciosa, no fue un sueño, estás aquí conmigo — le dijo y la abrazó para hacerla sentir su calor.
—¡Mi amor! — dijo ella acurrucándose entre sus brazos — tuve una horrible pesadilla, me vi en