Maddison
Una semana después…
El calor de su cuerpo todavía arde en mi piel cuando me acomodo en la cama, jadeando, con las sábanas enredadas entre mis piernas y el pulso desbocado. Derek está a mi lado, sin camisa, con el pecho subiendo y bajando al mismo ritmo que el mío. Sus dedos recorren la línea de mi cadera como solía hacerlo antes.
—Una vez me dijiste que no querías volver a ser mi amante —dice de pronto, con la voz ronca, rota por el deseo, pero también por algo más profundo, algo parec