CAPÍTULO 32: MALDICIONES ENTRE COPAS
Derek
La mansión está en completo silencio cuando entro, pero dentro de mí ruge una tormenta que no puedo aplacar. Me quito la chaqueta de un tirón, la lanzo al suelo y pateo una de las sillas del salón con tanta fuerza que termina estrellándose contra la pared. Maldigo en voz baja, en voz alta, entre dientes. Maldigo su nombre y el mío. Maldigo el hecho de que aún la piense aunque me haya mentido, aunque me esté negando a mi hijo.
Voy directo al bar. Me sir