Cara
Estaba sentada en la gran mesa de vidrio, la que siempre usábamos para cenas de negocios. Las luces de la ciudad brillaban a través de las grandes ventanas como si quisieran presumir solo para mí.
Noah y yo llevábamos juntos tres meses, pero parecía que llevábamos eternamente atrapados en este extraño territorio sin hombre.
Nunca me había tocado ni una sola vez. Ni un beso en la mejilla, ni siquiera un rápido roce en mi brazo cuando nos despedíamos.
Siempre había sido tan educado, siempre