LILA
Cada bache en el camino de tierra enviaba descargas de placer-dolor por mi culo. El pequeño tapón que Elias había dejado dentro de mí se negaba a dejarme olvidar que seguía ahí.
Agarré el asiento con fuerza, mordiéndome el labio para contener los gemidos que intentaban escapar. Mi hermanastro conducía como un hombre poseído, los ojos recorriendo la carretera y luego volviendo a mí. El suero se extendía más profundo, convirtiendo cada pequeño movimiento en electricidad sucia.
Finalmente lle