Ava
El sueño me esquivaba como un amante cruel. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen ardía detrás de mis párpados: las manos de Marcus sobre mí, la mirada voyeurista de la cámara oculta.
Al amanecer, casi me había convencido de que era una broma enferma. Una compañera celosa o una pesadilla.
Pero los mensajes se sentían demasiado reales. Demasiado calculados.
Me arrastré hasta el entrenamiento con el estómago hecho un nudo. Los ojos de Marcus me encontraron al instante, frunciendo el ceño a