48. Una boda especial
Poco a poco los sirvientes se fueron a sus habitaciones y Saint Bartolomé se sentía más silenciosa, pero la cocina era todo lo contrario, pues Regina y Serafina no dejaban de preguntar todo lo de la boda. La primera, porque no estaba acostumbrada a bodas realizadas de un día para otro, pues todas a las que había asistido demoraron meses para ser preparadas, hasta la suya propia tomó varios días para oficiarse con más lujos de los que hubiese querido; y la segunda joven, porque no podía creer qu