Las palabras de Hernán se clavaron en el corazón de Camila como agujas.
Tenía los ojos completamente rojos.
Al pensar en las ilusiones que acababa de hacerse, de pronto se sintió estúpida y ridícula.
Hernán ya la había calculado hasta ese punto, y aun así ella todavía era capaz de aferrarse a una esperanza así.
Todavía había pensado que, si aclaraban el malentendido, quizá podrían volver a estar bien.
Con que Hernán le mostrara un poco de ternura, ella era capaz de correr hacia él sin pensarlo