Cuando tenía dieciséis años, varias chicas acorralaron a Camila en un pasillo solitario detrás de la biblioteca.
La rodearon y la amenazaron con que, de ahí en adelante, no debía acercarse a Hernán.
También aquella vez fue Hernán quien la encontró.
Con el rostro frío, les lanzó su mochila.
Hasta ahora, Camila todavía recordaba la expresión sombría de Hernán cuando atravesó al grupo, le tomó la mano y la colocó detrás de él para protegerla.
Luego miró con frialdad a la chica que encabezaba al