Aunque Camila ya había logrado entenderlo, al ver a esas dos personas no muy lejos, el corazón se le revolvía de una manera insoportable.
No podía contener el dolor que llevaba dentro, así que solo pudo descargar todas esas emociones en el alcohol.
Una copa tras otra bajó por su garganta, pero aun así sus ojos comenzaron a enrojecerse sin poder evitarlo.
Temiendo que sus emociones se salieran de control, tomó otra copa de inmediato y se la bebió de un trago.
Apenas dejó el vaso, una voz clara y