Salimos de la casa de Claudia con nuestro ya acostumbrado silencio incomodo demasiado rápido para mi gusto. Asustada de la manera de manejar de Adam tomo el cinturón de seguridad y me lo coloco.
-Creo que lo más conveniente sería que me lleves a mi casa.
Adam me mira por primera vez desde que salimos de la casa de los Lewis, sus cejas están muy juntas y su expresión enojada.
-¿A tu casa para qué? No hemos comido.
-No tengo hambre Adam, déjame en mi casa.
-No.
Su respuesta es tan cortante