Adam, ¿te vas a quedar ahí como un sopenco sin ayudarnos a bajar las valijas?
¡Vaya! Si el señor Hamilton es todo un amor.
-Y aquí vamos...
Dice Adam, antes de soltar mi mano y alejarse para correr hasta el auto en el que han llegado nuestros padres. Yo me quedo parada en el pórtico observando desde lejos y deseando desaparecer.
-Keyla Sofía, ¿no vas a venir a saludar a tus padres?
Mi turno.
La voz de mi madre jamás me pareció tan irritante como ahora. Respiro profundamente fingiendo una