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Carmen no podía calmarse ni cerrar los ojos. Por alguna razón, se sentía inquieta. Quizás era porque no estaba acostumbrada a estar sola en una casa tan grande como esta, pero quizás había algo más que la inquietaba: pensar en Bastian, que no había regresado a casa hasta las dos de la madrugada.

Carmen finalmente se armó de valor para llamar a Bastian, aunque no era necesario. Pero no podía negar sus incómodos sentimientos.

Después de intentarlo varias veces, Bastian finalme
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