Yudith:
En cuanto abrí los ojos, deseé no haber nacido nunca.
No.
No podía ser, que de todos los hombres en el mundo yo me estuviese enamorando del jodido mafioso que me había comprado y era mi esposo.
Ya no falso, porque con la facilidad de un experto, y con el arte de un gigoló, tomó mi pobre y pequeña virginidad.
Oh, estuve horas llorando.
De tanto pensar terminé con jaqueca.
No desayuné, no almorcé e incluso me negué a cenar.
Porque mi situación con Xavier no era nada, nada, en comparación