Xavier:
En cuanto amaneció, me largué de la mansión.
Tenía que poner mis ideas en orden, y con mi mujer desnuda y tibia sobre las sábanas de su cama no lo iba a conseguir.
Me fui al bar de siempre y llamé a mi terapeuta.
Mark acudió, se sentó a mi lado, y me quitó de las manos el vaso de ron que yo bebía.
—¿Qué sucedió esta vez?- me increpó.
Me humedecí los labios y lo miré de soslayo.
—Se lo confesé todo y me la follé anoche.
Su mentón calló, en desconcierto. Pero se compuso con rapidez, y com