Yudith:
Lola no paraba de hablar, de comer, y de entrar y salir en tiendas, comprándose cuánta cosa le llamaba la atención.
Yo me limitaba a seguirla, callada y triste.Como un perro sarnoso al que dejan fuera de casa cuando llueve.
—Pues no le veo el más mínimo problema.¿ Él no quiere tocarte pero te da dinero?¡Joder, maja! ¡Qué suerte tienes!- ella se atragantaba unas hamburguesas, mientras yo pinchaba mis papas fritas con desinterés.
—¡Anímate! Hay cosa peores. Mírame a mí ¿eh? El sujeto