Cinco años después:
Yannek:
Echo tres troncos al horno y continúo con mi faena. Las astillas de madera vuelan con el impacto del hacha que la atraviesa. El filoso metal se queda clavado y tomó la herramienta por su extremo, volviendola a cobrar con más fuerza. han pasado cinco años y me sigo preguntando cuándo dejaré de sentir este ardor que me consume el pecho.
Día con día, me esfuerzo para no dejar escapar todo el odio, toda la rabia y el rencor que llevo dentro.
En mi mente fantaseo