Ese mundo nunca me había agradado, el somnífero solía llevarte hacia los lugares de la mente que usualmente duermen profundo. Por algo eran recuerdos que se quedaban sepultados en una memoria frágil.
Mis sueños eran pesadillas, ver otra vez a esa familia que creí formada era como esparcir sal en mis heridas. El dolor no era manejable, no quería verlo otra vez, sufrirlo de nuevo luego de tanto.
Un recuerdo feliz que se hacía triste por los sucesos del futuro, apagando todo su color.
—Keira, ¿Ha