Con los gritos del lobo desesperado por el terror atrás de mí, corrí sin volverme ni detenerme por un segundo ni siquiera cuando el pecho me exigió un descanso. La casona era tan amplia que debía encontrar algún sitio para ocultarme de esos lobos, solo tenía que concentrarme en hallarlo. Pensé en meterme en algún ropero, aunque podrían olfatearme. Siempre había desventajas, era el problema principal de estar enfrentada en una lucha de lobos, alfas y omegas que escapaban de mis posibilidades. En