—¿Cuánto debo sufrir para que me tengan en cuenta realmente? —grité, con la mirada clavada en ellos dos.
El matrimonio estaba sentado en la sala comedor. Era su hora de tomar el té, me parecía una completa locura que siguieran con su rutina normal después de haber tenido que alojar a tantos heridos. Ellos estaban allí, como si nada estuviera pasando.
Ninguno me respondió. La furia crecía en mi pecho al notar esa indiferencia. No había sido para nada justo, yo no quería olvidar mi vida como huma