Mi primer instinto fue querer cubrir mi desnudez ante sus ojos con mis manos. Él sonreía.
—No te cubras, hermosa, ya te visto de muchas formas. —dijo Iker, con una voz tan ruda y seductora que me hizo estremecer.
Su mirada desafiante y aguerrida hizo que mis manos dejaran de intentar cubrirme. No tenía por qué avergonzarme, tenía algo de razón en lo que decía. Habíamos pasado muchos momentos juntos.
—Solo quiero tomar un baño. —continuó, quitándose la ropa.
—¿Estás loco? Yo estoy aquí… —dije, n