Un escalofrío recorre mi espina dorsal, tengo la boca abierta y seca, contengo el aliento cuando él, ese hombre al que se supone odiaría desde el minuto uno, se inclina y masculla una frase que hace que mis piernas se pongan como gelatinas, mas, aquí estoy boqueando por su personalidad, arrogante, sombría y determinante a hacer su voluntad.
—Mi reina—dicta con total tono de lealtad, Daemon Targaryen, chillo emocionada al escucharlo y verlo inclinarse jurando lealtad a su reina.
—¿Se puede ser