Después de leer veinte capítulos del libro, salgo de la librería, subo al vehículo y recuesto la cabeza, el cansancio está venciendo y a pesar de todo, tengo mucha hambre.
—Llévame a algún lugar a comer—cierro los ojos tratando de descansar un poco.
—Señorita, el jefe ha estado llamando exigiendo que regresemos
—Es tu jefe y entiendo que quieras obedecer, dame teléfono—frunce su señor aun asi me lo entrega, miro el nombre del ruso y lo marco
—¿Donde demonios están?—responde al segundo repique
—