Capítulo XXX. Entre las cadenas de Andrómeda.
Emi.
Cuando desperté a la mañana siguiente, ya Perseo se había ido, me había dejado una nota junto al desayuno, comunicándome que había una urgencia en el grupo que debía atenderla y que lo esperara para almorzar, que no creía que tardase ni dos horas.
- “Que bien, Emilia Bencomo no llevas ni un día de casada y tras la noche más alucinante que has pasado con un hombre, tras horas de sexo y placer indescriptible, tu marido sale huyendo al trabajo, ¡Tan apetecible no debites resultarle!”- hay ve