Capítulo XXXIX. El escorpión y su veneno.
Ruyman.
- “¿No sé qué ganas tú de todo esto? ¿Cómo sé que no me estas engañando para cometa un error y no sólo Marchetti se quede con gran parte de mis bienes, sino que se quede con lo que más desea, mi mujer?.”- dije a la voz que oí tras donde yo estaba sentado, junto a la pared de división de las dos mesas.
- “No lo sabrá. Sólo tengo que decirle una cosa, más que usted, aun odio más a Humberto Marchetti, y su desaparición de este mundo seria para mí una alegría, más que una pena.”- me dijo.
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