Berlín, Alemania
Emilia
Al llegar a la mansión, subo directo a mi habitación con la bolsa de ropa sujeta con fuerza en mis manos. No me detengo en ningún lado ni miro a nadie. Me siento extraña, confundida, atrapada en una maraña de pensamientos que no sé cómo desenredar.
Desde que Viktor me dijo que podía elegir ropa para mí, algo dentro de mí ha estado en constante tensión. La simple idea de salir de esta casa me había parecido una quimera durante meses, algo inalcanzable. Y, sin embargo, hoy