Grace
—Bien, porque necesitarás la boca para otra cosa, princesa.
Tragué saliva antes de atreverme siquiera a mirar el enorme bulto bajo su pantalón. Ya sabía que lo que estaba por decir no tendría nada de inocente. Y no era por las palabras que usó, sino por la que no usó.
No me llamó señorita Grace. Me llamó princesa. Apollo siempre usaba esa palabra en la intimidad. Cada vez que la pronunciaba, era señal de que iba a destrozarme. Y cada maldita vez funcionaba.
Volví a mirar su verga, tensa co