Grace
Algo pesado me aplastaba el pecho.
Se me escapó un gemido; era como si alguien estuviera recostado sobre mí con total tranquilidad. Me moví para quitarme ese peso, pero lo que fuera se agitó y también emitió un sonido grave. Entonces, algo suave me rozó la coronilla.
¿Qué era eso? ¿Serían los gemelos?
Negué débilmente y murmuré:
—Ya basta, niños. Denme dos minutos; su tía está agotada.
La cosa respondió presionándome con más fuerza.
—Miau.
Abrí los ojos.
A escasos centímetros de mi cara, d