Apollo
Bajé la mirada hacia el padre y el hijo en el suelo.
El muchacho lamía el vino despacio y arrastraba la lengua por el suelo. Las lágrimas le surcaban la cara y se mezclaban con el líquido. Su padre permanecía arrodillado a su lado, con la cabeza agachada y una mano sobre la espalda del muchacho. Cada vez que el muchacho dudaba, su padre lo obligaba a bajar aún más la cabeza.
A su alrededor, la multitud miraba atónita, con los ojos muy abiertos y las manos sobre la boca.
Una voz susurró:
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