Apollo
Se desplomó inconsciente contra mí. Claro que tenía que desmayarse ahora.
Acomodé su cuerpo entre mis brazos. Le pasé un brazo por debajo de las rodillas y el otro por la espalda para sostenerla. Dejó caer la cabeza sobre mi hombro; su mejilla me rozó la clavícula y su aliento tibio me acarició la piel.
Olía apenas a miel y licor. No tenía sentido pedir un taxi cuando ni siquiera podía mantenerse de pie. No pensaba dejarla en manos de un desconocido en ese estado. Fui hasta el ascensor y