Grace
—Desnúdate y tócate para mí. Dame algo que valga la pena mirar.
Sus palabras resonaban una y otra vez en mi cabeza. Lo miré mientras permanecía sentado en aquel sofá de cuero negro, como si tuviera todo el tiempo del mundo. ¿Tocarme? ¿Frente a él?
El corazón me latía tan fuerte que estaba segura de que podía escucharlo. No sabía si era por los nervios o por el deseo. Me temblaban las piernas, pero no podía moverme.
Tragué saliva e intenté ordenar mis ideas. Pero ¿cómo iba a lograrlo con aq