Apollo
Me quedé mirando a la mujer. Tenía una sonrisa nerviosa que no le llegaba a los ojos. Ahí estaba, mirándome de frente, como si no acabara de hacerme la propuesta más absurda que había oído en una década.
¿Llevarme a mí?
Entrecerré los ojos y apreté la mandíbula.
¿Se daba cuenta de lo que estaba diciendo? Nadie se ofrecía jamás a llevarme, ni mis socios, ni mis amigos, ni siquiera mi padre. Y ese hombre ofrecía cualquier cosa con tal de manipularme.
Porque todos lo sabían. Apollo Reed no m