Grace
Si alguien me dijera que el Diablo no existe, lo miraría fijo a los ojos y le diría la verdad. Sí existe. Y tuve la pésima idea de cruzarme en su camino.
Apollo Reed estaba de pie frente a mí, tan cerca que me robaba el aliento. Tan solo su presencia bastaba para quitarme el aire. Su mirada no se detenía en mí; me atravesaba, como si pudiera ver todo lo que nadie más había visto. Todo lo que había enterrado. Las partes de mí que no le permitía tocar a nadie.
Su mirada bajó despacio, perezo