Grace
Dejé que mi mirada se demorara en Apollo un poco más de lo habitual, deleitándome con la tensión de su mandíbula, el fruncimiento de su ceño y el pulso tenue en su cuello. Me acerqué despacio y presioné mis labios contra los suyos. Se le cortó la respiración y, cuando estaba a punto de inclinarse hacia mí para adueñarse del beso, me aparté y recorrí sus labios con un dedo.
Me miró con una ceja alzada en un gesto interrogante. Sonreí y hablé en voz baja, casi provocadora.
—Por favor, sea pa