Grace
—Dos palomitas grandes, por favor —pedí después de mirar el menú un segundo y señalar hacia el mostrador.
—Muy bien, señorita. Enseguida se las sirvo —dijo el empleado de la dulcería con una gran sonrisa, después de mirarme y quedarse un instante inmóvil, como si estuviera asimilando algo.
Asentí y me giré un poco para recorrer con la mirada el bullicioso cine. La gente pasaba en pequeños grupos, conversando y riendo mientras se dirigía a las salas. Cerca de allí, una niña corrió hacia sus