Grace
La sala estaba a oscuras cuando entramos; el tenue resplandor de la pantalla apenas iluminaba las filas de asientos. Seguí a Apollo hacia el fondo y me acomodé en una de las butacas vacías, cuyo acolchado se hundió un poco bajo mi peso. Él se sentó a mi lado, tan cerca que podía sentir su presencia incluso sin mirarlo. La película aún no empezaba; solo parpadeaban en la pantalla las tenues imágenes de los anuncios.
Estiré la mano y tomé una palomita de maíz del recipiente que sostenía para