Grace
Desde mi silla, estiré el cuello y miré hacia la ventana de la oficina por quinta vez esa tarde, o eso me pareció. Como siempre, la luz seguía encendida. Suspiré al verla y me recosté en la silla, apoyando la cabeza en el respaldo mientras cerraba los ojos.
Apollo seguía trabajando.
Nunca había visto a nadie trabajar tanto. Ni siquiera el presidente tenía que exigirse tanto para gobernar el país. Al menos las personas como él se tomaban descansos. Dormían y respiraban. Pero Apollo parecía