Grace
En cuanto entré en la sala de interrogatorios, lo primero que vi fue la cara engreída de Piper. Por una fracción de segundo, dejó entrever miedo. Pero enseguida recuperó a la fuerza su expresión arrogante y alzó el mentón, como si no estuviera sentada en una sala de interrogatorios de una prisión, con un uniforme de reclusa mugriento y el cabello hecho una maraña.
No quedaba nada de la Piper de antes. Me recorrió despacio con la mirada, sin poder ocultar su sorpresa. Sin la peluca ni los l