Piper
Apreté tanto los puños sobre la mesa de metal que me crujieron. El corazón me latía con tal fuerza que parecía querer salírseme del pecho. Me mordí los labios e intenté expulsar aquellas imágenes de mi cabeza. Pero daba igual cuántas veces tratara de no pensar en eso.
Lo de anoche se repetía como una pesadilla de la que no podía despertar.
Apollo, el mismísimo Apollo, el hombre más poderoso de todo el maldito país, había sacado en brazos del baño a esa idiota como si fuera una joya precios