Grace
Extendí la mano y le toqué con cuidado cerca de los ojos a Eleanor. Se quejó como una niña.
—Ay... Grace, no me toques ahí —murmuró, aunque de todos modos se inclinó hacia mí.
—No debiste llorar —dije, mirándola como siempre que hacía alguna imprudencia—. Sabes que tienes los ojos sensibles.
Eleanor hizo un puchero y se presionó debajo de los ojos con las yemas de los dedos.
—No pude evitarlo. No dejaban de salirme lágrimas.
Me reí sin poder contenerme. Intenté disimularlo, pero fue imposi